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Con los maestros, contra el paro


Foto: La Nación
Entrevista con Rosa María Torres, Ministra de Educación y Culturas
EducAcción, El Comercio, Quito, 2 julio 2003


P: Algunos sectores afirman que ud. estuvo con el paro de la Unión Nacional de Educadores (UNE)

Una cosa es estar con los maestros y otra cosa es estar con el paro. Como educadora y como Ministra, estoy con las causas justas de los maestros, pero no puedo estar con el paro. Los maestros tienen derecho a un salario digno y a exigir más presupuesto para la educación, pero no tienen derecho a violentar el derecho de niños y jóvenes a ir a la escuela y aprender.

Este paro duró 33 días. No podemos, no debemos, como país, permitir nuevos paros. No en educación. Necesitamos paz para trabajar a fin de lograr las condiciones y los cambios que vuelvan innecesarios los paros. No solo se trata de más presupuesto, sino de más diálogo y participación social en la cuestión educativa, más razón, menos violencia, más seriedad, menos comportamientos corporativos, más educación ciudadana en los temas de la educación.

P: La UNE afirma que, de no ser por los paros, la educación estaría peor…

Un paro nunca le hace bien a la educación, aunque pueda redundar en mejoras salariales para el magisterio. Primero, porque el magisterio no es el único actor de la educación; los estudiantes y sus familias son los actores principales, en función de quienes debemos trabajar todos. Segundo, porque la mejora salarial, por sí sola, no asegura mejor educación. Así muestra la experiencia y numerosos estudios internacionales.

Hacen falta muchas condiciones convergentes. Hace falta avanzar hacia una profesionalización integral del magisterio ecuatoriano, un magisterio con capacidad y seguridad para enseñar, para leer, para aprender por su cuenta, para reclamar, debatir y aportar con argumentos. El magisterio nacional ha sido  descuidado y maltratado por décadas.

Por otro lado, el paro refuerza la imagen deteriorada de la educación pública, que los maestros dicen defender, y refuerza las tentaciones privatizadoras, que los maestros dicen condenar.

El paro, en definitiva, es un boomerang para todos. Hace daño no sólo a los niños, los jóvenes y las familias que se ven afectadas, sino a los propios maestros. Es muy duro ver maestros violentos o violentados, gritando, forcejeando, rompiendo cosas, haciendo huelga de hambre.

Se ha estimado que, a la fecha, el acumulado de días perdidos debido a paros de la UNE suma un año lectivo completo. Los costos de la secuela de paros son incalculables, no solo en términos pedagógicos sino políticos, económicos y sociales.

P: Casi todos los Ministros de Educación han enfrentado un paro de la UNE. ¿Usted creía que iba a poder evitarlo?

Efectivamente. Primero, porque confiaba en que este gobierno priorizaría la educación sobre otras urgencias nacionales (cosa que no sucedió). Segundo, porque es la primera vez que la UNE apoya a un gobierno, igual que el Movimiento Popular Democrático (MPD). Tercero, por mis posiciones como especialista, que han sido siempre y son de defensa de la dignidad y el profesionalismo de los docentes. Cuarto, porque he tenido una relación cordial y respetuosa con la dirigencia de la UNE, mientras fui asesora del anterior ministro, el exMinistro Cordero, y como miembro del Equipo Técnico del Contrato Social por la Educación. Quinto, porque empecé mi gestión dándole gran importancia y tiempo a la relación con la UNE: nos reunimos muchas veces en el Ministerio; les pasamos la base de datos del Ministerio y revisamos con ellos el presupuesto de este año; co-auspiciamos el Congreso de Educación Pública que organizó la UNE; asistí a una conferencia del Fondo de Cesantía del Magisterio donde fui ovacionada y llamada "Ministra compañera" ....

Mucho se ha escrito sobre este paro y sus incongruencias. Yo tendría bastante para decir al respecto.

P: Usted convocó al Foro de exMinistros de Educación para tratar el tema del paro. ¿Qué quedó en claro de esa reunión?

Convoqué al Foro de ExMinistros - creado por el exMinistro Cordero - precisamente a fin de analizar el tema del paro en el país y sacar algunas lecciones aprendidas. De hecho, todos los exMinistros presentes habían enfrentado al menos un paro de la UNE, algunos de ellos paros de hasta dos y tres meses de duración. Fue interesante escuchar las diversas posiciones y estrategias adoptadas por los Ministros: algunos han optado por el enfrentamiento abierto con la UNE y el MPD, la mayoría optó por el diálogo y la negociación.

También salieron a relucir varios denominadores comunes: la reivindicación por mejor salario y por salario pagado a tiempo es el eje reiterado de conflicto a lo largo de las tres últimas décadas. Se repiten asimismo los nombres de los dirigentes de la UNE, algunos de ellos posteriormente diputados, que han liderado y negociado los sucesivos paros.

Seguramente, mucho de lo que me tocó vivir durante este paro, les tocó vivir a mis antecesores. Es una experiencia dura, compleja y moralmente devastadora. Algún día escribiré al respecto.

P: ¿Por qué demoró tanto la negociación para levantar el paro?

La primera pregunta es por qué se paró tan pronto. Yo les pregunté a los dirigentes de la UNE durante la negociación: ¿por qué no le dieron a este gobierno los 6 meses que le dieron al gobierno anterior, para pedir un incremento salarial? ¿Por qué un paro a apenas cuatro meses de iniciado el gobierno, mientras estábamos dialogando, en medio de tanto conflicto con un gobierno en el que Pachakutik definitivamente no encajaba, con el que lidiábamos a diario y con el que personalmente enfrentaba una situación de permanente boicot?

El proceso estuvo lleno de obstáculos y trampas, idas y vueltas, regateos, incomprensiones, desplantes, errores de todos lados. Quizás, también, intervinieron demasiadas manos. Lo real es que satisfacer, en este momento, las demandas económicas planteadas por la UNE implicaba desafíos monumentales no sólo financieros sino legales, y una decisión fuerte – que tomé como Ministra – de priorizar esta vez la inversión en salarios, en motivación y en diálogo con los docentes.

P: ¿Cuál fue su papel en la negociación del paro?

Traté por todos los medios de evitar el paro, primero, y de levantarlo, después. Traté de despolarizar la relación gobierno-UNE, atendiendo a otros derechos e involucrando a otros actores (Comisión de Mediación creada junto con Pachakutik, el Consejo Nacional de Educación, el Contrato Social por la Educación, el Foro de Exministros de Educación), pero la UNE se opuso a todos ellos.

Propuse asignar los recursos de modo de favorecer a los maestros que menos ganan y que trabajan en zonas rurales; la dirigencia de la UNE no mostró ningún interés. Defendí la necesidad de una revisión de fondo del proyecto de Ley de Educación y de la Ley de Carrera Docente, las cuales también eran plataformas del paro.

Hay quienes me acusan de no haber resuelto oportunamente el paro. En realidad, fui la más empeñada en terminarlo cuanto antes y devolver la normalidad al sistema escolar. La espera y la demora no tuvieron que ver conmigo. La UNE lo sabía y por eso enfilaba sus marchas y reclamos hacia el Palacio de Gobierno y el Ministerio de Finanzas (alguna vez también me tocó a mí, insultos con parlantes fuera del ministerio). El Ecuador está tan acostumbrado a los paros del magisterio que a nadie le resulta asunto prioritario o urgente. Cuando ví que el paro se alargaba, en un clima de creciente violencia y conflictividad social, trabajé sin descanso para llegar a un acuerdo.

Fue muy duro pero me queda la satisfacción de haber sido consecuente hasta el final con mis ideas y posiciones, de haber hecho lo posible para resolver el conflicto de manera pacífica, sin renunciar jamás al diálogo y a la razón. Actué siempre pensando en los más pobres y abandonados de este país, en los rostros concretos de maestros admirables que conozco, en las familias y comunidades que se acercan a pedirme un maestro estable que no los abandone. Como Ministra, discutí y defendí con firmeza el presupuesto para la educación y la buena asignación de los recursos, en el gabinete, con la misión del FMI, con el Banco Mundial, el BID y otros organismos internacionales. Seguiré haciéndolo, sin necesidad de ningún paro.

P: ¿Por qué el Acuerdo entre el gobierno y la UNE es tan blando respecto a los compromisos de los maestros?

Discutimos mucho la redacción de ese Acuerdo, palmo a palmo, más allá de la medianoche. Lo que se logró NO es un mero reajuste salarial, como han dicho algunos. No es cierto que el gobierno fue el único que cedió; también cedió la UNE, y en algunas cosas importantes. El Acuerdo reafirma un compromiso del gobierno con un "tratamiento preferencial" a la educación y un incremento sostenido del presupuesto educativo hasta el fin de este gobierno; compromete a la UNE a colaborar con el Ministerio a fin de racionalizar el sistema de asignación de partidas docentes, un sistema viciado y públicamente denunciado, con cuya transparencia estamos comprometidos y venimos trabajando, buscando poner fin a malas prácticas y a la corrupción; admite la necesidad de introducir modificaciones a la Ley de Carrera Docente, sin que hayamos cedido a su "plena vigencia", como se pretendía. El Acuerdo sí peca de parcial pues la UNE sólo reivindicó los intereses del magisterio público, sin incluir a otros sectores como los Educadores Comunitarios y los municipales.

La apuesta con este Acuerdo es una apuesta a la credibilidad en el magisterio, en su genuino interés por la educación pública y en su compromiso profesional frente a la sociedad. Está en manos del magisterio, no sólo del Ministerio, mostrar que ese voto de confianza se traduce en una mejor enseñanza.

Los problemas de la educación - y, sobre todo, de la pedagogía - en el Ecuador son graves y de viejo arrastre.

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Rosa María Torres


Quito, Mayo 2003.- Pleno paro de la Unión Nacional de Educadores (UNE) y pleno proceso de negociación con el Presidente de la República, Lucio Gutiérrez, y dentro de la Comisión de Negociación (Ministros/as de Gobierno, Economía, Trabajo, Educación, y dirigencia de la UNE). El Ministro de las Platas, Mauricio Pozo, insistía en que no había dinero para incrementar ni el presupuesto de la educación ni los salarios de los maestros. Las protestas y manifestaciones de la UNE, hasta ese momento, habían ido dirigidas a quienes correspondía: el Ministerio de Economía y el Palacio de Gobierno. Yo, como Ministra, y todos nosotros, como Pachakutik, respaldábamos el justo reclamo salarial de los maestros.

No obstante, a la mañana de ese día, un contingente de maestros/as movilizado por la UNE Provincial de Pichincha llegó al Ministerio de Educación y Culturas (MEC). El Presidente de la UNE de Pichincha lideraba la marcha y el coro de consignas. El estribillo preferido, que resonó esa noche a través de todos los canales nacionales de televisión, fue:

“Ministra, cochina,
ándate a la cocina”.

A la noche, nueva reunión de la Comisión en el Palacio de Gobierno. Antes de comenzar la reunión, pedí la palabra. Les dije a los dirigentes de la UNE presentes que no estaba dispuesta a aceptar el doble juego de insultos televisados por la mañana y diálogos de negociación por la noche, que exigía de la UNE el mismo respeto que yo tengo por los maestros y sus dirigentes, además de un llamado de atención y una disculpa por el comportamiento del dirigente de la UNE Provincial. El Presidente Nacional de la UNE calló. El dirigente de la UNE Provincial enrojeció hasta las orejas. El Presidente de la República, cándidamente, preguntó:

-  “¿Qué es lo que le dijo, Ministra”?

Le recité varias consignas que se habían gritado frente al Ministerio esa mañana, incluida la de “Ministra, cochina, ándate a la cocina”.

-   “Es que usted ha de cocinar muy bien pues, Ministra”, acertó a comentar, jocosamente, el Presidente.

Siguieron sonoras carcajadas de los presentes, todos hombres, todos ecuatorianos, todos en posiciones de dirigencia en el país. 

No viene a colación relatar lo que dije y sucedió a continuación. En todo caso, la anécdota relatada es más que eso: es una estampa del machismo profundo - bravucón, desvergonzado, impune, cotidiano -  que pervive en el Ecuador, desde el Palacio de Gobierno hasta el hogar más humilde, desde la dirigencia gremial hasta el aula escolar, y del cual puede llegar a hacer gala el propio Presidente de la República. ¿Qué clase de país, qué clase de educación podemos construir con esta clase de líderes, anti-ejemplo de los valores y actitudes que deben guiar hacia una sociedad democrática e igualitaria?

No basta con contar cuántas mujeres hay entre los expositores del panel, en puestos de dirección, en cargos de gobierno. El índice de equidad de género va mucho más allá de los conteos y el llenado de “cuotas” femeninas; compromete a la calidad de las relaciones entre ambos géneros, a los modos como se vive y ejerce el poder y la autoridad por parte de unos y otras, y entre ellos.

Es preciso seguir hablando, denunciando y penalizando socialmente el machismo - el burdo y explícito, el de todos los días, el que no tiene vergüenza, se disfraza de sentido común o de chiste de mal gusto - y también el solapado, el que anida entre líneas, en imágenes, giros, interrupciones aparentemente inocuas, asimetrías de todo tipo. 

Es preciso seguir luchando para construir un genuino sentido de igualdad entre los géneros, una sociedad donde las mujeres seamos valoradas, bien tratadas y respetadas no por ser mujeres sino por lo que somos, sabemos y somos capaces de hacer, por ser personas, seres humanos, ciudadanas, madres o profesionales con méritos propios.

No es ésta tarea únicamente para mujeres. Es fundamental la complicidad activa y militante de los hombres. Necesitamos hombres y mujeres que se espanten y se indignen - no que se rían - frente a las estampas cotidianas del machismo naturalizado como “cultura”, que violenta no solo la dignidad humana sino el sentido común.

En este caso, no era yo - la profesional, la especialista, la Ministra - la denigrada, sino las millones de mujeres (y de hombres) que, desde tiempos inmemoriales, han hecho de la cocina a la vez un oficio y un arte, una estrategia de supervivencia y un regalo de amor a los suyos. Yo, que no sé cocinar, escribo esto no en defensa propia sino en defensa de todas las mujeres y hombres humildes cuyo oficio y cuyo arte no tolera degradaciones.

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