Carta Abierta. Frente al Encuentro de Artistas e Intelectuales por el Futuro del Ecuador y América Latina


El 19 de febrero de 2017 se realizaron en el Ecuador elecciones generales. Ocho binomios compitieron por la presidencia y la vicepresidencia. El candidato oficialista Lenin Moreno ganó la contienda, pero no obtuvo el 40% requerido para evitar una segunda vuelta. Los siete candidatos de oposición obtuvieron un poco más del 60% de los votos. En segundo lugar se ubicó el candidato Guillermo Lasso, con algo menos del 30%. El 2 de abril de 2017 tendrá lugar la segunda vuelta electoral, en la que competirán Moreno y Lasso. 


Ante la realización del “Encuentro de Artistas e Intelectuales por el Futuro de Ecuador y América Latina” realizado en la Casa de la Cultura Ecuatoriana (Quito, 14-15 febrero de 2017) que plantea como opciones “seguir caminando y mejorando o sucumbir ante la arremetida de la derecha”, como artistas, intelectuales, militantes y activistas de izquierda volvemos a colocar en el debate internacional la visión sesgada de “intelectuales” a sueldo de los gobiernos progresistas y suscribimos esta carta como respuesta al apoyo ciego al candidato Lenín Moreno en las elecciones ecuatorianas (ver al pie las "Adhesiones a la candidatura presidencial de Lenin Moreno", texto y firmas).

En la vieja tradición soviética de intelectuales enajenados, los “intelectuales” progresistas proponen la sumisión incondicional del pensamiento. Olvidan – o desconocen - que los intelectuales tienen que producir ideas, no repetir consignas. Por eso se enronchan con la condena que cientos de intelectuales de izquierda hemos expresado frente a la decisión del gobierno de Correa de disolver a Acción Ecológica, de reprimir al pueblo shuar, de criminalizar y perseguir a los líderes populares, de poner al Estado ecuatoriano al servicio de las transnacionales chinas, y de destruir la biodiversidad amazónica para facilitar la explotación minera y petrolera.

Alineados con ciertos poderes de turno, los “intelectuales progresistas” no quieren aceptar que entre la demagogia de los gobiernos populistas y los derechos de los pueblos median decisiones políticas opacas e inescrupulosas. Como los negocios privados y la corrupción de una flota de funcionarios del régimen correísta alrededor de las gigantescas inversiones extranjeras y de las grandes obras públicas. Poco les importa que en la vorágine populista se hayan sacrificado las agendas de la sociedad civil, de los pueblos indígenas, de los movimientos sociales o de la izquierda. Lo fundamental es ser políticamente correcto con quien paga la cuenta del despilfarro y del clientelismo de una década.

Escribir por encargo, o hacerse de la vista gorda con el cadáver oculto en el sótano, no es una práctica novedosa de estos sectores que fungen de “izquierda”. Fue una práctica instaurada por el estalinismo a partir del argumento de la confrontación mundial con el capitalismo. Para ello se diseminó por el planeta un ejército de escribanos que reproducían a nivel local las disposiciones emanadas desde el Partido Comunista Soviético. Se echaban loas a Hitler o a Churchill alternativamente, dependiendo de la marcha de los acontecimientos y del desarrollo de las estrategias. Lo único impensable en este juego de simulaciones era formular alguna crítica contra la URSS.

Ese sencillo y perverso mecanismo no solo impidió conocer lo que ocurría al interior de los países del socialismo real, y entender las razones de su espectacular colapso a fines del siglo XX, sino que restringió toda posibilidad de construir un pensamiento alternativo de izquierda en América Latina. Generaciones enteras de revolucionarios quedaron enredados e inmovilizados entre una maraña burocrática absurda e incomprensible. Las aberraciones teóricas del estalinismo nos pasan factura hasta la actualidad. Y todo por esa visión reduccionista de la confrontación ideológica: la realidad tenía que ser embutida en los obtusos dogmas de las teorías oficiales.

Cuestionar las imposiciones políticas ideológicas de la intelligentsia soviética era un sacrilegio. Quienes osaban poner en duda las verdades oficiales eran automáticamente tachados de contrarrevolucionarios, enemigos del socialismo, quintacolumnistas del capitalismo o, simple y llanamente, de agentes de la CIA. El control se ejercía desde la sacralización del discurso, desde el más pedestre maniqueísmo. La crítica corrió la misma suerte que la autonomía de la razón: ambas quedaron proscritas.

Aquellos intelectuales que adscribieron a esta línea política quedaron reducidos a la más penosa mendicidad. Tenían que esperar estoicamente la caridad ideológica que chorreaba de las alturas. Y, agradecidos, morder al enemigo de turno. Como hacen los progresistas.

La justificación de estas posturas parte de una dicotomía tan elemental como burda: la validación por simple comparación. El socialismo real era positivo sencillamente porque cumplía la función de contrapeso al ruin capitalismo. Mutatis mutandi, hoy toca defender a los auto-proclamados gobiernos progresistas de la región porque hablan mal de los Estados Unidos. Antes había que apartar la vista de los crímenes masivos, de las purgas, de la devastación ecológica y de la aniquilación de los derechos y libertades en Europa del Este; ahora hay que hacerse los desentendidos con la corrupción, las políticas neoliberales o la destrucción de la organización social puestas en práctica por los susodichos gobiernos.

Demás está insistir en qué terminó este fundamentalismo político. No solo que el socialismo real jamás llegó a ser una alternativa al capitalismo de Occidente; hoy, el capitalismo ruso es aún más devastador que el que en su momento pretendió combatir. Y detrás de esta dramática conversión únicamente quedaron los escombros de un sueño revolucionario que se llevó consigo las esperanzas de millones de seres humanos.

Los progresistas quieren empujarnos a un dilema que no por parecido resulta igual. Porque la contradicción entre el gobierno ecuatoriano y las fuerzas conservadoras tiene más de cascarón que de condumio. ¿O es que no se ha enterado que durante una década los mayores beneficiarios del modelo populista han sido los principales grupos monopólicos del país? ¿O que el Ecuador entero está empeñado a las transnacionales chinas, muchas de las cuales cuentan entre sus activos con capitales gringos y europeos? ¿O que el gobierno acaba de suscribir un Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea en las peores condiciones imaginables?

Argumentar que la continuidad del correísmo implica una defensa de los derechos sociales del pueblo, del empleo y los salarios de los trabajadores, del medio ambiente y de la soberanía refleja un cinismo imperdonable. Por qué no es simple ignorancia. Es mala fe (para utilizar el mismo calificativo con que Sader aboga por la candidatura de Lenín Moreno, y que coincide con una de las muletillas favoritas de Rafael Correa). Es precisamente por el retroceso experimentado en estos diez años en estos derechos que los movimientos sociales y las organizaciones de izquierda han resistido y se han opuesto al gobierno de Alianza País. Y es justamente para impedir la profundización de estas regresiones que el movimiento indígena, las centrales de trabajadores históricas, el movimiento ecologista, las organizaciones de mujeres y la izquierda en general llevamos años luchando por auténticas alternativas de cambio social.

Esto es lo que los progresistas maliciosamente obvian mencionar. Simplifican la contradicción electoral entre el candidato oficialista y Guillermo Lasso, cuyo banco es uno de los grandes beneficiarios del correísmo, para desvanecer la candidatura de Paco Moncayo, de los partidos de izquierda, de la socialdemocracia y de los movimientos sociales. Repite mecánicamente la consigna del correísmo; medra de los discursos oficiales; mendiga instrucciones. Negando la diversidad pretende absolutizar una supuesta confrontación entre dos sectores (Moreno y Lasso) que tienen más coincidencias que discrepancias.

No somos el movimiento indígena, las centrales de trabajadores históricas, el movimiento ecologista, las organizaciones de mujeres y los intelectuales críticos del correísmo quienes le hacen el juego a la derecha; son la condescendencia y la marrullería de los progresistas las que santifican a un régimen que sistemáticamente ha buscado sepultar toda posibilidad de cambio profundo de la sociedad ecuatoriana. En su caso, no corresponde pedirles que asuman ninguna responsabilidad política; hay que exigirles un mínimo de honestidad.

Firmas
Juan Cuvi
Natalia Sierra
Neptalí Martínez
Xavier Maldonado
Erika Arteaga
Lucho A. Moreno
Líder Góngora
Cristina Burneo Salazar
Sylvia Bonilla Bolaños
Sofía Lanchimba Velasteguí
Luis Miguel Chávez
Carlos Pastor Pazmiño
Claudia Sofía Dávila
Fernando Carvajal Aguirre
Napoleón Saltos
Mónica Hernández
Luis Santiago
Fernnado Ceron
Danilo Esteves Robalino
Gabriela Pallares
Tania Roura
Armando Muyolema
Santiago Carcelén
Paúl López
Aquiles Hervas
Ramiro Cuasess
Cristina Moreno
Sebastian Almendariz
Fabián Paredes
Paulina Muñoz
Jaime Muñoz
Rocío Rosero Garcés
Rosa María Torres
Mónica Mancero
Pablo A. De la Vega
María Belén Moncayo
Geovanny Guzmán
Maricruz González C
Pablo Hugo Sinchiguano Vivanco
Yolanda Jaramillo
Javier Andrade
Jorge Tasiguano
Aquiles Hervas Parra
Polvito Ortega
Fernando Andrés Muñoz-Miño
Juan Manuel Guevara
Juan Pablo Barragán
Jorge Velasquez
Miller Efren Añazco Romero
Cesar Jaramillo
Carlos Chalaco
Cinthia Andrade
Paulina Monserrat Muñoz Samaniego
Hernan Rengifo
Eugenia Arévalo Barrera
Hugo Jaramillo
Ricardo Buitrón
Alfonso Román
Patricio Albán
Julio Charro
Juan Vareles
Carlos Quito
Carmen Ortiz Crespo
César Cantú
Marcelo Maldonado González
Rene Eduardo Quevedo Guerrero
(siguen firmas)


Odebrecht: Reír para no llorar


Rosa María Torres 

(en proceso)

Caricaturistas de Ecuador, Colombia y Perú ilustran el escándalo Odebrecht (sobornos de la empresa brasileña en 12 países de Africa y América Latina).



Arcabuz - Ecuador


Pancho Cajas - Ecuador
Bonil- Ecuador

Bonil - Ecuador
 
Bonil - Ecuador 
Bonil - Ecuador

Bonil - Ecuador 
Ecuador

Vilma - Ecuador
Vilma - Ecuador

Picho y Pucho - Colombia
Betto - Colombia
Betto - Colombia
Heduardo - Perú


Heduardo - Perú


Heduardo - Perú

Carlín - Perú












Ecuador en los rankings internacionales


Rosa María Torres 
(en proceso)



El gobierno ecuatoriano se ha obsesionado con los ránkings. Casi todo aparece encuadrado bajo la forma de un ranking. Solo menciona y divulga los ránkings en los que el país queda bien ubicado a nivel sudamericano, latinoamericano y mundial.

Juno aquí algunos rankings - buenas nuevas 👍 y malas nuevas 👎 - que dan una idea del perfil y de la ubicación internacional del Ecuador en varios ámbitos. Falta verificar algunos proporcionados por el gobierno. Seguiré agregando otros y actualizando los incluidos aquí, cuando corresponda.

Si usted tiene un raking para agregar, por favor comparta aquí la información. Debe ser un raking verificado e incluir el enlace a la fuente. Gracias.


Posición | Asunto


👎 1 autocensura en América Latina (solo 34% dice que hay libertad para hablar y criticar)
(Latinobarómetro 2016)

👍 1 mejor sistema de compras públicas en América Latina, 8 en el mundo
(Benchmarking Public Recruitment 2017; Banco Mundial 2017)

👍 1 carreteras en América Latina, 24 en el mundo
(Foro Económico Mundial 2016)

👍 1 país que más invierte en educación superior en América Latina
(gobierno, no provee fuente, por verificar)

👎 2 lugar en embarazo adolescente en América Latina después de Venezuela
(Informe Vidas Robadas, Resumen Ejecutivo, 2016, Fundación Desafío, Quito-Ecuador)

👍 3 país que más reduce desigualdad en América Latina
(gobierno, no provee fuente, por verificar)

👎 3 lugar en desnutrición crónica entre niños de 0 a 5 años en América Latina
(UNICEF 2016)

👎 42 desperdicio en el gasto público, entre 138 países. Puntaje 3.6. (Puntaje 1: extremadamente ineficiente. Puntaje 7: extremadamente eficiente).
(Indice de Competitividad Global 2016, Foro Económico Mundial)

👍 47 calidad de la infraestructura, entre 138 países
(Indice de Competitividad Global 2016, Foro Económico Mundial)

👎 57 libertad (parcialmente libre) ente 195 países
(Freedom House 2017)

👍 59 Indice de Prosperidad
(The Prosperity Legatum Index 2016)

👎 73 accountability, entre 138 países  
(Indice de Competitividad Global 2016, Foro Económico Mundial)

👎 83 Indice de Inequidad de Género, entre 188 países
(PNUD, Informe de Desarrollo Humano 2015)

👎 84 seguridad
(Foro Económico Mundial 2016)

👍 88 Indice de Desarrollo Humano, entre 188 países
(PNUD, 2016)

👎 91 Indice de Competitividad Global 2016, entre 138 países
(Foro Económico Mundial 2016)

👎 97 Indice de Libertad Humana 2016, entre 159 países
(Human Freedom Index 2016)

👎 112 ética y corrupción, entre 138 países
(Indice de Competitividad Global 2016, Foro Económico Mundial)

👎 116 desempeño del sector público, entre 138 países
(Indice de Competitividad Global 2016, Foro Económico Mundial)

👎 119 transparencia en las políticas públicas, entre 138 países 
(Indice de Competitividad Global 2016, Foro Económico Mundial)

👎 120 corrupción, entre 176 países
(Transparencia Internacional, Corruption Perception Index 2016)

👎 123 favoritismo en las decisiones de los funcionarios públicos, entre 138 países
(Indice de Competitividad Global 2016, Foro Económico Mundial)

👎 134 independiencia de la justicia, entre 138 países
(Indice de Competitividad Global 2016, Foro Económico Mundial)

👎 en la media y bajo la media regional en resultados del Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo
(TERCE, 2013. UNESCO-OREALC)


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